El concepto de tiempo atmosférico.
se utiliza para designar a la variedad de fenómenos que se suceden en la atmósfera.
Cabe destacarse que cuando se habla de tiempo se estará haciendo referencia a la actividad de los fenómenos durante un período que puede ir de uno a varios días. Mientras tanto, cuando se trata de un período de tiempo más extenso, como ser treinta años o más, se hablará en términos de clima. La climatología se ocupa de estudiar los fenómenos en los tiempos más prolongados y la meteorología es la que los aborda cuando se trata de un corto plazo.
Serán las diferencias en cuanto a energía solar las que motiven los cambios en el tiempo. En cada estación del año se medirán las diversas variables locales del tiempo tales como: temperatura, presión atmosférica, nubosidad, humedad, viento, la cantidad de lluvias y entonces una vez que se conoce cada una de estas se podrán obtener otras que resultan de ellas tales como: la presión de vapor y la sensación térmica.
Son muchos los instrumentos que se utilizan en este sentido: estaciones meteorológicas, satélites, estaciones en los barcos, computadoras que realicen cálculos utilizando modelos predictivos, entre otros.
Entonces, a estas condiciones se les aplicará las leyes de la física y se predecirá el tiempo con una proyección de 12, 24, 48, 72 o 96 horas.
Casi toda la energía que provocan los cambios atmosféricos proviene de la radiación del sol, aunque los rayos del sol no calienten de manera directa el aire de la atmósfera sino que lo hacen de modo indirecto, calentando primero la litosfera y la hidrosfera y una vez que ambas han sido calentadas trasladan su calor a la atmósfera.
También es importante mencionar que además de la radiación del sol hay otras fuentes de energía térmica que pueden calentar a la atmósfera: las erupciones volcánicas, la transpiración de la flora y fauna y los puntos calientes del fondo de los océanos. Ahora bien, todas ellas juntas no superan a la energía del sol.
Cambio climático.
En la actualidad existe un consenso científico, casi generalizado, en torno a la idea de que nuestro modo de producción y consumo energético está generando una alteración climática global, que provocará, a su vez, serios impactos tanto sobre la tierra como sobre los sistemas socioeconómicos.
Ya en el año 2001 el Tercer Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) ponía de manifiesto la evidencia proporcionada por las observaciones de los sistemas físicos y biológicos que mostraba que los cambios regionales en el clima, en concreto los aumentos de las temperaturas, estaban afectando a los diferentes sistemas y en distintas partes del globo terráqueo. Señalaba, en definitiva, que se están acumulando numerosas evidencias de la existencia del cambio climático y de los impactos que de él se derivan. En promedio, la temperatura ha aumentado aproximadamente 0,6°C en el siglo XX. El nivel del mar ha crecido de 10 a 12 centímetros y los investigadores consideran que esto se debe a la expansión de océanos, cada vez más calientes.
El cambio climático nos afecta a todos. El impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes cambios en las condiciones para la producción de alimentos y un aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías y olas de calor. En definitiva, el cambio climático no es un fenómeno sólo ambiental sino de profundas consecuencias económicas y sociales. Los países más pobres, que están peor preparados para enfrentar cambios rápidos, serán los que sufrirán las peores consecuencias.
Se predice la extinción de animales y plantas, ya que los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de la malaria, la desnutrición y las enfermedades transmitidas por el agua. España, por su situación geográfica y características socioeconómicas, es muy vulnerable al cambio climático.
En consecuencia, aunque existen incertidumbres que no permiten cuantificar con la suficiente precisión los cambios del clima previstos, la información validada hasta ahora es suficiente para tomar medidas de forma inmediata, de acuerdo al denominado "principio de precaución" al que hace referencia el Artículo 3 de la Convención Marco sobre Cambio Climático. La inercia, los retrasos y la irreversibilidad del sistema climático son factores muy importantes a tener en cuenta y, cuanto más se tarde en tomar esas medidas, los efectos del incremento de las concentraciones de los gases de efecto invernadero serán menos reversibles.
Fenómenos naturales.
Cuando los fenómenos naturales se vuelven desastres naturales, pueden resultar lascivos para los humanos. El huracán Sandy, uno de los más mortíferos de la temporada del 2012, en los Estados Unidos causó daños económicos y humanos muy serios; la población que sufrió sus consecuencias, tardando algunos años en recuperarse.
Así como algunos fenómenos naturales causan daños, hay otros que son increíbles. Ejemplos de ello son las burbujas inflamables de hielo en el lago Abraham en Alberta, los pilares de luz que aparecen por el contacto de rayos de la luna o el sol con cristales presentes en la atmósfera, las nubes estratosféricas polares que se caracterizan por sus sutiles colores pasteles fusionados, al igual que las auroras boreales, que deben su formación a las protones y electrones que son guiados por los campos electromagnéticos hasta la atmósfera.
Se considera que los fenómenos naturales se tornan más extremos con el paso del tiempo. Esto supone una alerta para el futuro pues, con la agresividad intensificada de los desastres naturales, la humanidad puede que viva una de las eras más caóticas de la historia. Pruebas de ello se ven en la actualidad, con el cambio climático y los desastres que están dejando cicatrices en los países afectados. Según reportes científicos, incluso podríamos estar acercándonos a una nueva era de hielo y frío extremo.
En El Salvador parece que no se ha aprendido acerca de la gestión de riesgos, esto permitiría reducir diferentes peligros para llegar a mejorar la situación de las personas en la sociedad y sobretodo salvar muchas vidas, he aquí la lista de catástrofes en El Salvador puestas en orden cronológico desde 1986 y la cantidad de fallecidos que ocasionaron (en el Volcán Ilamatepec no hubo víctimas mortales reportadas):
1986 Terremoto 10 de Octubre ocasionó 1500 muertes
1998 Huracán Mitch ocasionó 240 muertes
2001 Terremotos de 13 enero y 13 febrero ocasionaron 1259 muertes
2005 Erupción Volcán Ilamatepec que hicieron que 7,000 personas fueran evacuadas de las faldas del volcán
2005 Huracán Stan ocasionó 70 muertes
2009 Huracán Ida ocasionó 91 muertes
2010 Tormenta Agatha ocasionó 11 muertes
2011 Tormenta Tropical E-12 ocasionó 32 muertes.
Muchos de estos desastres no solo han causado muertes en El Salvador sino en otros países de la región como México, Guatemala, Honduras, Nicaragua y el Caribe, y a lo anterior en la que combinan la alta vulnerabilidad de los asentamientos humanos y fenómenos climáticos sumados a la permanente actividad sísmica.

Buena información amigo, me sirvió de mucha ayuda 👌
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